El título de la presente nota alude a un
portal oficial cubano que difunde noticias, comentarios, reflexiones, música y hasta multimedia. Hasta aquí todo parece no ser más común que cualquier otra página excepto por una cosa: es el fiel reflejo de la vida en cuba: sesgada, filtrada, censurada, controlada, fiscalizada, amordazada. Todo está digitado por el gobierno.
Mientras escribo esto me detengo a pensar en cosas que nadie de mis connacionales y en el mundo, ha reparado últimamente. Me he levantado, desayunado e ido al escritorio para encender mi PC y leer los diarios, ver mi correo y abrir
Skype para ver si alguno de mis amigos está en línea y charlar un rato. Todo lo descrito ya casi lo hago por inercia todos los días y me parecía tan rutinario y simple que no me no me di cuenta de lo afortunada que soy.
Porque tengo computadora y la pude comprar en cualquier lado y no sólo en los almacenes del gobierno, porque lo hice sin tener que justificarme ante las autoridades con una "razón válida", porque puedo pagar una línea telefónica y solicitar acceso a Intenet; porque puedo leer noticias de todos los colores y sabores y en todos los idiomas, porque puedo hablar con mis amigos y mis parientes a la distancia, descargar y cargar música para compartirla, escribir poemas, narrativa, crónicas y hasta insultos a quien se lo merece.
Porque puedo leer sobre un artista que me gusta, un país que quiero visitar, una comida que quiero probar, un tatuaje que me quiero hacer, un empleo al que quiero postular. Puedo aprender alemán, francés, chino mandarín, comprar CDs y DVDs, crear y administrar blogs, ver videos y subir los míos.
Puedo ver en vivo la ceremonia del Oscar, al artista que pinta con su pene, la llegada de Deep Purple al aeropuerto Jorge Chávez (Lima), al cerdito que tiene una mancha con forma de corazón, a los Kosovares celebrando su independencia...
Porque no tengo que pagar 3.5 euros en el cybercafé por tres horas de Internet, porque no tengo que pedir permiso para tener Internet en mi casa, porque no tengo que mentir para acceder a la Red en un hotel, porque no tengo un correo obligatorio asignado por el Estado, porque en el cybercafé no llenaré formularios ni tendré que decir para qué quiero navegar, porque no tengo que ir al mercado negro para conseguir un módem, una antena, un crack, una clave de acceso. Porque no miraré solo páginas filtradas y elegidas por otros para que yo las lea, porque el servicio no será lento e ineficiente, y porque si lo es, podré quejarme y hasta demandar a mi proveedor.
Y finalmente, soy afortunada, porque soy libre y puedo pensar como quiero, opinar, discutir y generar las ideas que quiero, porque puedo sentarme en el escritorio, encender mi PC y gritarlo a los cuatro vientos, sin que me esperen en la puerta los uniformes para mandarme al calabozo, y que me digan comemierda o contrarrevolucionaria, o gusano.
Porque lo que quiero decir es lo que soy, lo que quiero elegir, lo que quiero pensar, y en mi pobre y tercermundista país, es un derecho gracias a Dios. Y somos afortunados por ello. Nuestros hermanos cubanos no tienen esa suerte y viven inmersos en un aislamiento forzado, en una vorágine de leyes retrógradas y represivas desde hace 50 años. Ha habido cambio de poder, promesas de cambio con él. ¿Cuba sí?, ¿ahora sí? nos preguntamos no sin cierto optimismo... pero ya nadie allí parece tenerlo. Aunque lo último que se pierde, finalmente es la esperanza, abogamos porque este nuevo gobierno sea el inicio de algo realmente revolucionario en la historia de está hermosa y triste isla.